Recuentos del GIFF 2011

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El cine sigue siendo un arte en el cual podemos dejar atrás nuestro peso espectral del ego y sumergirnos en la certeza existencial de la manada. A diferencia del diario vivir donde somos seres de consumo y depredación, en el cine podemos colgar nuestro traje en la entrada y sentarnos al lado de un extrañ@ para zambullirnos en esa cálida oscuridad que nos va arropando para contemplar las estrellas. Nos acomodamos en el asiento en espera de lo inexplorado, de la imaginación. Si la película no es de nuestro gusto, la situación cambia y los prejuicios flotan para levantarnos de la butaca o nuevamente acallarlos. El cine es una seducción de los sentidos, es por eso que al ver el mismo film en televisión algo cambia; los novios que impacientes juntaban sus manos, son ahora dos cuerpos inertes observando el mismo espacio.

Cuando llega el festival de Corto a la Ciudad de Guanajuato parece que la ciudad se contagia de esa magia que no termina hasta el Cervantino. Los colores desérticos junto al calor mataperros ceden el paso a un clima fresco que llena de vitalidad la ciudad, apareciendo de repente un poco de musgo aquí o allá. Uno puede caminar por la calle y encontrarse con una actriz famosa cenando en el jardín o ver universitarios corriendo para terminar alguna filmación. Lo curioso es que la gente local no se da cuenta, siguen sus vidas contándolas con el calendario de oficina o con el reloj checador. Son los de fuera quiénes ríen y ven la ciudad como un carnaval.

Este año el “Festival del Corto” tuvo dos sorpresas para sus espectadores: El Estado invitado de Honor fue Guanajuato y el festival de “expresión en corto” cambió de nombre a Festival Internacional de Cine de Guanajuato.

Grandes figuras como  Udo Kier y Spencer Tunick estuvieron en la inauguración y por parte de Guanajuato la actriz Silvia Navarro, el tenor Fernando de la Mora y Gerardo Naranjo director de la película Miss Bala seleccionada en el festival de Cannes.  La alegría dura tan solo unos pocos días para luego quedarse impregnada en el aire y comenzar de nuevo ese gran carrusel de organizar que ha salido avante año con año contra viento y marea gracias al esfuerzo titánico de su fundadora Sara Hoch.

Para las personas que nunca han conocido Guanajuato, bien vale la pena visitarlo por la fechas de este evento ya que lo que se ve y se vive de cine es único, arte puro sin escalas, visiones particulares de otras partes del mundo y la sensación de formar parte de algo que se da pocas veces, la comunicación fluida entre el cine y su espectador.

La nota disonante:

 Las entrevistas realizadas durante la inauguración del festival y los comentarios realizados por los presentadores del programa sonaban un tanto huecas y sin profundidad, tal vez si hubieran preparado preguntas que mantuvieran el interés entre el actor y el entrevistador la inauguración hubiera tenido otro tono. Algo no cuajó. La chica que realizaba las entrevistas parecía que estaba bajo los efectos  de un red bull o exceso de sacarina ya que soltaba enunciados en inglés que bien podrían pasar la prueba de un chismografo pero no de un evento de este tamaño. Es como si uno planeara durante meses una cita a ciegas para terminar enviando mensajes de texto o hablando por celular enfrente de la otra persona.

Por otro lado el hecho de convertirse a Festival Internacional de Cine nos cambió la dinámica a los que somos asiduos fans del otrora “expresión en corto” ya que estábamos acostumbrados a estar en una constante montaña rusa de emociones viendo cortometrajes y al exhibirse largometrajes el ritmo cambió como si saltáramos de un cuento a una novela generando que el cuerpo tuviera que acostumbrarse otra vez al relato largo y a la espera del desenlace.

Mejor Documental Internacional Premiado: Bombay Beach

Cuando cayeron la torres gemelas, un pensamiento retumbó en mi cerebro y no era la imagen de la torre con el humo fluyendo, sino la escena del club de la pelea cuando Jack y Marla ven caer los edificios. Olvidé el asunto, pero la idea comenzaba a flotar en el aire hasta que  hace algunos meses vi otra película llamada the Hoax donde se muestra el excesivo escrutinio sobre la vida de Howard Hugh y los vínculos con el  Presidente Nixon que provocó el escenario perfecto para el escándalo Water Gate ¿Cuántas ocasiones el arte se muestra como el mensajero del porvenir?¿O es el código que flota en el aire y  el radar distorsionado del Director es quien lo distribuye  para crear su artificio entre la masa?

A tan solo tres horas de Los Angeles se encuentra Bombay Beach un desierto de casas deshabitadas, autos abandonados y peces muertos, que aguarda pacientemente a los invitados a la catástrofe. El documental gira en torno a los alrededores de Salton Sea, un mar artificial producto de la desviación del río colorado a principios del siglo pasado. En lo que antaño fue el orgullo del sueño americano, ahora es un campamento de survivers.

La primera historia es sobre un anciano que recuerda cansadamente esa bonanza petrolera que ya no existe; y que para sobrevivir les vende por veinticinco centavos cigarrillos a sus vecinos. A unos cuántos kilómetros de ahí de desenvuelve la segunda historia: un joven afroamericano trata de cumplir su propio sueño americano al tratar de obtener una beca deportiva y conquistar a la hermana de su mejor amigo, para él, el desierto no es peligroso sino aburrido. La tercera historia narra la vida de una familia con antecedentes penales, en especial la vida de Benny Parrish; un niño con hiperactividad  que a sus seis años carga con su paquete de pastillas y todo el basurero emocional de sus dos padres: una madre fofa, con falta de carácter y un padre alcohólico  sin esperanzas de un mejor futuro.

Si bien el documental nos hace sufrir con esos paisajes lentos del desierto y la vida surrealista de sus personajes logra mantener la tensión con la banda sonora en las  canciones de Beirut y Bob Dylan.

El clímax de la película se deja sentir con las palabras de la Madre de Benny:

— ¿Qué pez te gustaría ser hijo?

—Un pez feliz mami.

—A mí también hijo, supongo que a mí también me gustaría ser un pez feliz…

El mensaje queda abierto para hacer reflexionar, en donde la sociedad y economía americana  ya no son un bosque, sino un desierto de óxido salado dónde solo los más aptos sobreviven. ¿Podrán dejar de  pensar en jugar a la guerra y comportarse como adultos? ¿O seguirán llenando de pastillas y sueños rotos a sus hijos?

Saúl Pérez

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