Mi orgullo

Gerardo Ledesma Rico

Mi orgullo calza zapatos negros, usa un traje morado hecho con piel de víbora y sobre una camisa negra porta un corbatín. Tiene una enorme cicatriz que atraviesa su pecho y que día a día va creciendo, tiene un par más en la espalda, y en las piernas, los brazos, la cara, está cubierto por ellas. No tiene morada fija, a veces reside en mi cabeza, otras en alguna de mis orejas o en mi pecho.

Mi orgullo es mi consejero fiel, se sienta a mi derecha cuando hay que tomar alguna decisión, me susurra cuando he sido ofendido, asesinando mi tolerancia con una daga de marfil, me convence de cuáles deben ser mis metas, aun cuando la razón me dicta que son inútiles, disfrazándolas con la vestimenta del honor.

Mi orgullo ciega mi confianza, exagera mis habilidades y desconoce mis debilidades, las destierra.

Mi orgullo tiene una gran memoria, es por eso que siempre recurro a él cuando se trata de ti, es por eso que lo llamo cuando acudes a mi puerta, porque él siempre está ahí para recordarme tus traiciones, tus mentiras. Y sin embargo, mi orgullo siempre me perdona, parece que ha olvidado cada vez que te preferí a ti sobre él, cada vez que lo ignore por tomar tu mano, cada vez que lo humille al aferrarme a tu lado.

No, no lo ha olvidado, sólo prefiere ignorarlo, tal vez eso es lo único que tenemos en común ahora, que he tratado a mi orgullo como tú me has tratado.