Los primeros pobladores de Guanajuato

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Guanajuato, llamado Kuanasiuato, que en castellano más o menos significa cerro de las ranas, por los purépechas y tarascos que se habían asentado en la frontera sur de lo que hoy es el estado de Guanajuato. En contraste con los “civilizados” habitantes del sur, el norte se encontraba habitado por un centenar de tribus semisalvajes que tenían sus propias costumbres, lenguas y religiones. No existía un pueblo norteño cohesionado, es más, era muy común que se dedicasen a destriparse a la menor provocación, y solamente se unían para ir a molestar, al vecino más débil o que tenía a las mujeres más bellas o la cueva más grande, pero estas uniones nunca fueron duraderas. En todo caso, no importaba que fueses de la tribu de los guamares, cazcanes o guachichiles, el peligro de que llegase una banda de guerreros de una tribu rival para robar, matar y violar era la realidad cotidiana para los primeros pobladores de estos cerros llenos de ranas.

El nombre genérico con que los aztecas bautizaron a estas temibles tribus del norte fue Chichimecatl, que era un modo despectivo para referirlos, muy similar a la palabra bárbaro en nuestra lengua. La castellanización que nos legaron los españoles fue Chichimecas, y eran chichimecas todos los pueblos que vivían y morían desde el río Lerma hasta lo que hoy son los Estados Unidos. Sin embargo, la verdad es que los primeros pobladores del territorio donde se asienta la ciudad de Guanajuato se denominaban a sí mismos como Guamares. Estos guamares se distinguían por ser valientes en extremo y aguerridos como ninguna otra tribu, pero también capaces de traiciones ruines. Los Guamares, tanto hombres como mujeres, llevaban el cabello largo, solamente adornado con alguna flor en el caso de las mujeres y tocados de plumas para los hombres.

La desnudez era común para las sociedades chichimecas en general, pero algunos grupos, principalmente nuestros guamares y los pames, utilizaban un puñado de hojas para cubrir los genitales, al más puro estilo de Tarzán. Esto en el caso de los varones, pues las mujeres usaban pieles a modo de falda, para proteger la zona que va de las rodillas hasta el vientre, el resto iba descubierto. A diferencia del resto de sus amigos chichimecas, los guamares construían chozas redondas con paja, en las que podían llegar a vivir 15 personas. Respecto a su religión podemos decir que ésta era bastante primitiva, especialmente si la comparamos con las religiones mesoamericanas. El culto a los astros, a la lluvia y a la naturaleza en general nos deja ver que los guamares en cuestión tenían un vínculo muy estrecho con su entorno, pero en contraste con esta visión tan zen hay que decir que los guamares consumían diferentes sustancias toxicas, peyote y licores de raíces principalmente, que los volvían fieros guerreros.

En conclusión, estas tierras guanajuatenses eran un auténtico caos, y sus habitantes vivían enredados en un círculo de violencia, del cual solamente saldrían para entrar a otro, pues, cuando comenzaron a llegar los españoles y sus aliados indios, comenzaría una guerra larga y terrible, que sería peleada durante unos cincuenta años y que daría pie al surgimiento de Guanajuato y otras ciudades. Quizá usted pueda decir; ¿De qué me vale saber quiénes fueron los primeros pobladores de Guanajuato, si no dejaron ningún rastro visible? Puede ser que los guamares no dejasen templos o pirámides de piedra, pero podemos ver su legado en los rostros de la gente que vive aquí, en estos cerros de ranas con forma de Guanajuato.