Día de Muertos: Entre Catrinas y tradiciones

0
41

Guanajuato, tierra de ensueño llena de tradiciones, de historias que dejan a quien lo visita recuerdos insustituibles. Sus calles, su gente y su cultura son dignos de los más bellos relatos literarios.

La muerte es el término de la vida, sin embargo para estas fechas, en esta maravillosa ciudad y en todo México la muerte cobra vida, llenando todo de luz y color. A los mexicanos no nos asusta la muerte, al contrario, la vestimos bonita, la hacemos dulce para poder comerla, y la recreamos con cartón en forma de singular mujer como La Catrina, para poder admirarla como parte de nuestra cultura; específicamente, como parte de la celebración del “Día de Muertos”.

No debemos olvidar que: la conmemoración de los días de muertos dentro de la tradición cristiana católica, tiene un especial significado, sobre todo en América Latina y en aquellos países donde hubo presencia de población indígena, quienes dieron lugar a la fusión de dos concepciones religiosas distintas con una sola finalidad: Rendir culto y recordar a los que ya han fallecido, rito que se ha heredado desde tiempos ancestrales y con ese respeto se obsequia a los espíritus de los que se fueron. Donde llega el momento, el camino se abre para las almas que a la distancia, volverán bajo el permiso de la ausencia de vida, a dónde sus pasos cruzaron y dejaron huella en los días y noches.  Memorias de viejos tiempos acompañan su regreso, sonrisas, juegos, abrazos y noches de amor se deslizan bajo las puertas y ventanas, se posan sus sueños, en los sueños de los vivos, que con ilusión, preparan sabores y aromas entre añoranza y alegría, pan, chocolate, tequila, velas, y calaveras se vuelven fiesta.  Los muertos vuelven a visitarnos y nosotros entre  velas, dulces y tradiciones, los esperamos.

Entre las tradiciones locales para esta singular celebración, se encuentra la venta de “alfeñique”, las “cajetas de camote” de variados sabores (de leche, nuez o guayaba) que se ofrecen e intercambian entre familiares y amigos, acompañadas con pan de anís, más conocidos como “muertitos”.

También se hacen ofrendas o altares a los difuntos. En la antigüedad, los altares eran sumamente sobrios y en ellos sólo se colocaba un mantón morado, un crucifijo, la fotografía del difunto, sus más preciadas prendas, agua, sal, alfeñiques y un poco de paja. Hoy en día las ofrendas suelen ser más elaboradas y enriquecidas por otras tradiciones que han permeado en los altares de Guanajuato. Se puede disertar ampliamente sobre los elementos culturales europeos y  prehispánicos que constituyen el altar, esto remarca  el mestizaje cultural y la prevalencia de las raíces hispanas e indígenas, que regionalmente han adquirido características que los enriquecen.

Descripción de ofrenda

Una ofrenda consta de siete pisos y un tapete. Cada piso, ofrendas y  elementos puestos en el altar, tienen su significado. En el primer escalón se pone la foto del santo o virgen de la devoción. El segundo escalón es para las ánimas del purgatorio. En el tercero se pone la sal para los niños del purgatorio. En el cuarto se pone pan llamado “pan de muerto” y se recomienda que el pan sea hecho por los parientes del difunto  ya que es una consagración. El pan de muerto es un tipo especial de pan que se prepara en México. No es un pan de consumo cotidiano, puesto que está asociado íntimamente a la celebración del Día de muertos. Su origen se remonta a la época prehispánica y desde entonces se utiliza para las ofrendas solo que se preparaba con semillas de amaranto molidas, tostadas y se cuenta que se bañaba con sangre de las personas sacrificadas en honor a los dioses Izcoxauhqui o Huehuetéotl . Este Pan de Muerto se dejó de elaborar durante la conquista española en México, ya que los mismos rechazaron este ritual e iniciaron la elaboración del pan de trigo, con forma de corazón, bañándolo de azúcar y pintándose de rojo, una forma más pintoresca hacia la muerte. El Pan de Muerto consiste en que la parte superior (la bolita) representa un cráneo y las canillas son los huesitos cuya forma simboliza los cuatro rumbos del nahuolli o universo. Conforme a pasado el tiempo el Pan de Muerto mostró diferentes formas de preparación por ejemplo en el Distrito Federal y centro de México las panaderías utilizan pan sencillo espolvoreado con azúcar. Pero en el estado de Michoacán lo elaboran con el pan de hule, que de color moreno brilloso, forma redonda, y tienen algo curioso le ponen dedicatoria. El pan de muerto de Oaxaca, que en realidad es un gran pan de yema al que se le ha incrustado una figura de alfeñique que representa al ánima a quien se dedicó el pan. En Puebla se elabora de manera sencilla con ajonjolí o azúcar roja. Pero por ejemplo en Oaxaca ofrecen las regañadas que es un pan de pasta hojaldrada.

Luego le sigue el quinto escalón, donde se pone la comida y las fruta que fueron las preferidos del difunto. En el sexto se pone la foto del difunto a quien se dedica el altar y en el séptimo se pone la cruz de un rosario hecho de tejocote y limas.

Las ofrendas y elementos que se ponen dentro del altar son las siguientes

Se prenden cuatro velas principales formando una cruz orientada a los cuatro puntos cardinales, al lado del altar, se pone una olla de barro sobre un anafre con hierbas aromáticas: albahaca, laurel, romero, manzanilla. Cadenetas de papel morado y amarillo que significan la unión entre la vida y la muerte. Papel picado que da colorido y la alegría de vivir. Las flores son la bienvenida para el alma, la flor blanca representa el cielo; la flor amarilla la tierra y la morada el luto. Velas que con sus llamas representan la ascensión del espíritu y también significan la luz y guía del camino. Lienzo blanco y nuevo que representa la pureza, el cielo. El cirio representa el alma sola. Incienso de copal cuyo humo simboliza el paso de la vida a la muerte. El maíz que representa la cosecha. Las frutas son la ofrenda que nos brinda la naturaleza, generalmente son cañas de azúcar, naranjas, tejocotes y jícamas. Las calaveras de azúcar que son una costumbre indígena y el alfeñique. El agua que da vida y energía para el camino. Los platillos con las que se trata de agradar al difunto compartiendo los alimentos que le gustaban. Fotografía de la persona a quien se dedica el tributo. Un Cristo para que haya bendiciones. Una cruz de cal que simboliza los 4 puntos cardinales. Sal para que el cuerpo no se corrompa. Un camino desde la puerta de la entrada hasta el altar formado con flor de cempasúchil. Una vara para liberar al muerto del demonio y los malos espíritus.

El alfeñique de Guanajuato

Los dulces tradicionales de pasta de azúcar llamados alfeñique, hechos  especialmente para las ofrendas de Día de Muertos, son una de las herencias culturales más importantes de México. El alfeñique es un fenómeno sincrético  en el que se funden costumbres y  técnicas indígenas en conjunto a las  traídas por los  españoles que a su vez heredaron de la cultura árabe. Quizá sea la raíz de esta costumbre la época prehispánica, en la que los  nahuatlacos elaboraban figuras como regalo y ofrenda para sus muertos, éstas representaban generalmente cráneos y eran elaboradas con semillas de amaranto, mieles que extraían del maíz o del corazón del maguey y que obtenían de las abejas silvestres llamadas Tzoalli. Con la llegada de los españoles y la prohibición del amaranto, el dulce de alfeñique fue adoptado por los mexicanos utilizando desde entonces la caña de azúcar para confeccionarlo. En los últimos días del mes de octubre se colocan, en algunas plazas de Guanajuato, a veces en San Fernando, otras en la de la Paz, los puestos de estructura de madera vestidos de manta, típicos de la vendimia del alfeñique. En  ninguna otra fiesta se les ve igual.  El alfeñique es para el regocijo de los pequeños, en vida, y un recuerdo para aquellos que murieron siendo niños. Es en la memoria colectiva, la reproducción de los objetos de la naturaleza y de la cultura para que adornar el altar. No pueden faltar las enchiladas, el plato con puchas, la cazuela de mole con todo y pierna de guajolote. También hay borreguitos, burros con su carga, risueñas viejitas y las enormes gallinas, sin faltar la calavera que nos pela los dientes porque tiene pintado un nombre en el frontal, a veces el nuestro.

Hermosa y singular tradición popular de todos los tiempos es el culto a los muertos.